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El ojo lloroso, también llamado epífora, es un trastorno ocular caracterizado por un lagrimeo excesivo y constante, bien por una producción excesiva de lágrimas, bien por una obstrucción en el sistema de drenaje de las mismas, lo que hace que rebosen y caigan por fuera del párpado.
Lesiones causadas por impacto, lesiones penetrantes, quemaduras o cualquier otro tipo de daño físico al ojo. Pueden variar en gravedad y requerir tratamiento urgente.
Inflamación de los tejidos orbitarios asociada con enfermedades tiroideas, como la enfermedad de Graves
Bloqueo en el sistema de drenaje de lágrimas, resultando en lagrimeo excesivo. Puede requerir procedimientos para restablecer el flujo normal
Incapacidad para cerrar completamente el ojo, lo que puede causar sequedad y sensibilidad a la luz.
Inversión hacia adentro del párpado, provocando que las pestañas rocen contra la superficie del ojo y causen irritación.
Eversión hacia afuera del párpado, lo que puede resultar en sequedad ocular, lagrimeo excesivo y enrojecimiento.
La causa más habitual del ojo lloroso es la irritación de la superficie ocular por un traumatismo debido a golpes, roces, deslumbramiento… o por la acción de un agente irritante, ya que, al fin y al cabo, las lágrimas están concebidas para lubricar la superficie ocular, aliviar la irritación y ayudar a expulsar objetos extraños que hayan podido entrar en el ojo (polvo, partículas de maquillaje, salpicaduras, pestañas que se desprenden…). No obstante, cuando el lagrimeo es continuo y muy abundante, puede deberse a distintas patologías oculares.
El caso del ojo lloroso asociado al ojo seco puede resultar paradójico pero, debido a que la sequedad ocular irrita la superficie del ojo, se produce una sobreestimulación de la glándula lagrimal para producir lágrimas que alivien dicha irritación. Dado que el ojo seco es un trastorno crónico, la producción de lágrimas se hace constante, dando lugar al ojo lloroso o epífora.
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